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Acuerdo Mundial

[Acción internacional] - [El Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono] - [Desarrollo del Protocolo de Montreal, 1987-1992]

Lo esperanzador de esta historia es que, por primera vez, un tratado internacional sobre el medio ambiente haya provocado una respuesta inmediata de los políticos y las industrias. ¿Por qué no ocurre lo mismo con la protección de los bosques, la reducción de la contaminación o el problema del calentamiento global? Los días de concienciación sobre los problemas de la Tierra, como este, tienen importancia: Para avanzar en esta tarea, siendo consumidores responsables, debemos exigir compromisos a los Gobiernos, reciclando y reduciendo nuestras emisiones de productos contaminantes.

Acción internacional
Aunque en esa época la hipótesis de Rowland y Molina fue un punto controvertido, dio la alarma en muchos países. Mientras que continuaba el debate, fue aumentando la presión para el control de los CFC. Entretanto, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estableció las bases para la acción internacional.

En marzo de 1977, los expertos de 32 países se reunieron en Washington, donde se adoptó el Plan Mundial de Acción sobre la Capa de Ozono. El Plan abarcaba la investigación de los procesos que controlan la concentración del ozono en la estratosfera; la vigilancia del ozono y la radiación solar; el efecto de la destrucción del ozono sobre la salud humana, los ecosistemas y el clima; y la creación de sistemas para estimar los costos y beneficios de las medidas de control. Las agencias de las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales (ONG) asumieron la responsabilidad por determinados aspectos del programa y el PNUMA fue nombrado coordinador.

Para asistir al PNUMA, se estableció un Comité Coordinador sobre la Capa de Ozono (CCCO), formado por las organizaciones intergubernamentales, los expertos gubernamentales y la Asociación de Industrias Químicas. Los nueve informes de cálculos del CCCO conformaron las bases de las negociaciones internacionales posteriores sobre la protección de la capa de ozono. La reunión de Washington incitó a los Estados Unidos y, luego a Canadá, Suecia y Noruega, a prohibir el uso de los CFC en los aerosoles, que en aquel entonces eran responsables por la mitad del uso global de los CFC. Pero la prohibición no abarcó los usos esenciales para fines médicos y similares. Además, la Comunidad Europea acordó no aumentar su capacidad de producción de CFCI I y 12. Estas medidas sólo proporcionaron un alivio temporal.

El Convenio de Viena para la Protección de la Capa de Ozono
En 1981, el Consejo de Administración del PNUMA creó un grupo de trabajo ad hoc de expertos legales y técnicos para elaborar el marco general del Convenio para la Protección de la Capa de Ozono. El objetivo perseguido era crear un tratado general para abordar el problema de la destrucción del ozono. El primer paso hacia la protección del ozono se consideraba bastante sencillo, pero pasaron cuatro años antes de poder llegar a un acuerdo. El marco general del Convenio para la Protección de la Capa de Ozono se acordó en Viena en marzo de 1985. Este fue un logro extraordinario, ya que fue el primer acuerdo internacional que reconoció los posibles efectos adversos sobre el medio ambiente global futuro más bien que el actual. Las naciones se pusieron de acuerdo en principio para hacer frente a un problema ambiental global, antes de que sus efectos se sintieran o fueran demostrados en forma científica.

El propósito principal del Convenio de Viena es estimular la investigación y observación científica y la cooperación entre las naciones a fin de tener un mejor entendimiento de los procesos atmosféricos a nivel mundial. Se acordó el control de numerosas sustancias y también una investigación más detallada. El Convenio estableció los protocolos para el futuro y especificó los procedimientos para las enmiendas y resolución de disputas.

Mientras los expertos preparaban las medidas específicas a tomar, en mayo de 1985, la revista Nature publicó un informe sobre el trabajo del Dr. Joe Famman y sus colegas británicos sobre una destrucción a gran escala del ozono en la zona Antártica. Los descubrimientos fueron comprobados por las observaciones de los satélites estadounidenses y presentaron la primera prueba de una destrucción del ozono tan grave que urgía tomar medidas específicas. Como consecuencia de ello, se llegó a un acuerdo en septiembre de 1987 sobre las medidas específicas a tomar y se firmó el Protocolo de Montreal relativo a las Sustancias que Agotan la Capa de Ozono. Conforme a lo establecido en el Protocolo se dio el primer paso concreto para proteger la capa de ozono: una reducción del 50% en la producción de los CFC especificado antes del año 1999 y un congelamiento del consumo de halones.

Desarrollo del Protocolo de Montreal, 1987-1992
El Protocolo contiene muchas cláusulas innovadoras, que dan margen para una evaluación científica y técnica de la destrucción del ozono. Los resultados de estas revisiones progresivas se discutirían detalladamente por lo menos una vez cada cuatro años. Se reconoció que los países en desarrollo experimentarían dificultades en la puesta en aplicación del Protocolo, y se les dio un plazo de diez años, además de asistencia técnica y ayuda financiera.

Para impedir la exportación de las sustancias destructoras del ozono a los países que no se habían suscrito a los objetivos del Protocolo, se impusieron restricciones comerciales. No se permitió que las partes comerciaran en sustancias controladas con los países que no habían firmado el tratado. Cada parte presenta un informe anual de su producción y consumo de las sustancias para que se pueda comprobar el cumplimiento de las medidas de control.

En los mismos momentos en que las naciones firmaban el Protocolo de Montreal, los nuevos descubrimientos científicos indicaban que las medidas de control eran insuficientes para restaurar la capa de ozono. Por lo demás, los países en desarrollo expresaron su preocupación por los términos muy vagos sobre la transmisión de tecnología y ayuda financiera.

La Primera Reunión de las Partes del Protocolo, celebrada en Helsinki en 1989, reconoció estas preocupaciones. Los delegados declararon su intención de eliminar las sustancias destructoras del ozono hacia el año 2000, y se organizó un grupo de trabajo para crear un mecanismo financiero para ayudar a los países en desarrollo. Se organizó otro grupo para preparar las enmiendas y ajustes en el Protocolo. Se crearon Comisiones para calcular los efectos científicos y ambientales y los aspectos económicos y tecnológicos y presentar un informe antes de fines de 1989.

Las Comisiones presentaron un informe sobre estos asuntos en agosto de 1989. Se demostró que la destrucción del ozono era mucho más grave que la prevista por los modelos teóricos, y que las medidas de control establecidas por el Protocolo de 1987 no la refrenarían, al contrario, la destrucción continuaría. Pero las Comisiones también indicaron que sería posible eliminar las sustancias destructoras del ozono hacia el año 2000. Se identificaron más sustancias destructoras y se puso en evidencia la necesidad de la transmisión de tecnología y ayuda financiera a los países en desarrollo para la puesta en aplicación de las reducciones.

Los dos grupos de trabajo de las partes discutieron acaloradamente las opciones de política a fines de 1989 y en la primera mitad de 1990. Hubo muchos desacuerdos, especialmente sobre los halones, el metilcloroformo, la transmisión de tecnología y el mecanismo financiero para ayudar a los países en desarrollo. En junio de 1990, en la Segunda Reunión de las Partes en Londres, 54 países acordaron un conjunto de medidas que fuera satisfactorio para todos. Cuarenta y dos países que no estaban en el tratado también expresaron su conformidad.

A consecuencia de la Segunda Reunión, los cronogramas de Montreal se ajustaron para que los cinco CFC y tres halones inicialmente incluidos en el Protocolo fueran eliminados hacia el año 2000. Otros CFC halogenados y tetracloruros de carbono se controlarán y finalmente se eliminarán hacia el año 2000. El metilcloroformo se controlará y eliminará hacia el año 2005.

Los HCFC, sustitutos de los CFC, que también destruyen el ozono, se clasificaron en un anexo separado como sustancias transitorias. Las partes también acordaron limitar el empleo de los HCFC a usos esenciales. Cada país debe presentar un informe sobre su producción y consumo de estas sustancias.

Se redactaron las disposiciones especiales en el Protocolo sobre la transmisión de tecnología a los países en desarrollo y la creación de un mecanismo financiero, incluyendo un Fondo Multilateral (para sufragar los costos acordados para la puesta en aplicación del tratado). El Fondo se iniciaría sobre una base provisional hasta que la Enmienda de Londres entrara en vigor. Se les pidió a las Comisiones que estudiaran todos los aspectos de la destrucción del ozono y que comunicaran los resultados de la investigación en noviembre de 1991

Los informes de 1991 confirmaron que las reducciones de ozono continúan todas las latitudes, excepto en los trópicos. Se recomendaron medidas de control aún más rigurosas y controles sobre los HCFs y el bromuro de metilo, otra sustancia que destruye el ozono. Las Comisiones también informaron que muchos países habían reducido su consumo más allá de lo requerido por el Protocolo, y que una eliminación más rápida era factible desde el punto de vista técnico, económico y administrativo.

Las partes se reunieron por cuarta vez en Copenhague en 1992 para estudiar los informes de las Comisiones. Acordaron eliminar todos los CFC, tetracloruros de carbono y metilcloroformo hacia 1996. Los halones, cuya eliminación se considera la más difícil, puesto que no hay sustitutos, se eliminarían hacia 1994.

Los HCFC se eliminarían a fines del año 2030. Esta fecha atrasada se debió a que se quería estimular primero el uso de los HCFC, con un bajo potencial de destrucción del ozono, para reemplazar a los CFC. Muchas partes fueron de opinión que ningún país invertiría en las tecnologías de los HCFC a menos que tuviera la seguridad de contar con suficiente tiempo para obtener un beneficio adecuado. Por otra parte, a falta de una inversión suficiente en los HCFC, se seguirían usando los CFC mucho más dañinos. Otros, en cambio, sostuvieron que una transición a las tecnologías completamente seguras para el ozono era posible y que no debía fomentarse el uso prolongado de los HCFC.

El bromuro de metilo, que se usa como fumigante en la agricultura, la construcción y el almacenamiento, se discutió con muchos detalles y algunas partes sostuvieron que una eliminación prematura podría arruinar la agricultura y las exportaciones de muchos países. Se acordó que el consumo se congelaría hacia 1995 y entretanto se harían más estudios del efecto del bromuro de metilo sobre la capa de ozono y las consecuencias de su eliminación. Las partes también decidieron confirmar el Fondo Multilateral en Montreal.

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